El rato que he estado en el avión me ha dado tiempo a repasar unos cuantos periódicos. En todas referencias al día de la mujer. Un día para reivindicar pero un día para agradecer la dedicación a todas las mujeres, madres y abuelas. Para reconocer el esfuerzo de aquellas que trabajaron por la igualdad ante la incomprensión social. Para agradecer a aquellas mujeres discapacitadas que sufren la doble discriminación su tenacidad. Gracias por haberme enseñado que no por ser diferentes son desiguales. Para agradecer a todas las mujeres inmigrantes su trabajo aquí, porque con gran sufrimiento dejan en la mayoría de los casos a sus hijos e hijas al cuidado de sus madres con el ánimo de ofrecerles une vida mejor. Aquí sustituyen a las mujeres de países más desarrollados que trabajan también fuera de casa y que siguen cargando con la responsabilidad de conciliar vida familiar y laboral, porque la conciliación sigue siendo cosa de mujeres. Una vez más unas mujeres sustituyen, a otras mujeres, Ellas hacen posible que podamos trabajar fuera de nuestro hogar. Redes de mujeres al fin y al cabo. Todo ello demuestra lo que aún nos queda para conseguir la verdadera conciliación, la verdadera igualdad.
Entre datos estadísticos, cifras comparativas me he encontrado con dos sorprendentes noticias. Una que decía que las mujeres estamos tomando ahora, tardíamente, los vicios de los varones: fumar, beber… lo que está dañando terriblemente nuestra salud. La otra referida al estudio de una ONG israelí, “Rompiendo el silencio”( BTS Breaking the silence) donde se analiza el comportamiento de las soldados israelíes en el territorio ocupado de palestina. Entre las tropas hebreas hay mujeres , invisibles a los ojos del país en cuyo ejército trabajan. ¿Cómo creéis que afrontan este problema? Se comportan con más violencia y brutalidad que los hombres. Imitan los valores masculinos para obtener su reconocimiento, para ser alguien, para ser uno más. Aunque esta actitud esté en contra de sus valores y principios y les provoque un trauma y un malestar que aflora posteriormente.
STOP,STOP,STOP. Si algo tenemos que tener claro las mujeres es que no podemos renunciar a nuestros valores, a nuestra forma de ver la vida, de gestionar la vida pública y privada. Nuestras fortalezas son nuestra capacidad para la empatía, para el acuerdo, para el diálogo, para una gestión competente que integra lo emocional. Renunciar a esto significa traicionarse a sí misma primero y al camino de la verdadera igualdad. Nuestra receta no puede ser imitar a los hombres. Sé que a veces es menos problemático. Es más fácil dejarse llevar. Puede ser tentador, la experiencia me dice que sí, pero no debemos caer en ello. No es un camino fácil pero tenemos que resistir y avanzar. Tenemos que construir juntos hombres y mujeres para superar estereotipos .Y prestar atención porque estamos observando que hay hombres que están alzando la voz, porque no les gusta el papel de héroe que les ha asignado en esta sociedad, porque sufren cuando no pueden cumplir con sus expectativas como estrellas. Construyamos un nuevo pacto entre hombres y mujeres para la igualdad. Porque tal y como oí a un hombre sueco hace bastantes años, “es necesario construir esa igualdad porque los hombres no saben lo que se están perdiendo por no disfrutar de ella. ”



