Llevo unos días fuera de casa, en esta ocasión de vacaciones, tras un curso intenso en el que he tratado de ser coherente con lo que no propusimos durante la campaña electoral, llevar la voz y los intereses de Euskadi al Parlamento europeo y de que haya más Europa en Euskadi y más Euskadi en Europa. Ese es mi empeño y es lo que va a seguir marcando mis actividades durante el próximo semestre.
Me he propuesto desconectar pero voy a dejarlo para la próxima semana porque estos últimos días de Julio me he dedicado a terminar algunas cosas que tenía pendientes. Si, he prescindido de la prensa, pero ayer como si de una tentación sin remedio se tratara he realizado un repaso a las noticias de la semana y realmente han ocurrido cosas bien significativas.
En este resumen me ha conmovido el primer asesinato por violencia de género que se ha registrado en Euskadi en lo que va de año. Amelia Amaia fue golpeada hasta morir en Bilbao. Hay que seguir trabajando la sensibilidad social contra este fenómeno delictivo que, en nuestro entorno, produce al año más muertes violentas que cualquier otro. Porque es la expresión más cruda de la desigualdad entre sexos, Porque muchos de los valores que deberían propiciar una igualdad real entre hombres y mujeres están en construcción. Además de condenar este crimen me gustaría que todas y todos diésemos un paso más: Pensemos cómo podemos contribuir cada uno hacer en el ámbito personal para trabajar por la igualdad.
Ya he traído otras veces hasta aquí este ejemplo pero creo que merece la pena reflexionar una vez más sobre ello. En este repaso he leído en un periódico que una atleta conseguía un enorme éxito en la carrera de 800 metros mientras que uno e sus compañeros de equipo cosechaba un sonado fracaso en la prueba de 1.500 metros que tenía que haber ganado sin problema. La foto y el titular de la información era para el abatido atleta. El logro de su compañera, mujer, aparecía en lo que los periodistas llaman “subtítulo”. Así siguen las cosas, así nos las hacen percibir cada día. Para promover el cambio profundo de actitudes hay que empezar por darse cuenta de estas circunstancias con las que convivimos sin reparar en ellas o pensando que somos unas exageradas. Creo que tenemos que perder el complejo a denunciarlas y contribuir desde posiciones individuales a que no ocurran. De lo contrario siempre quedaremos en la superficie, denunciando asesinatos cuando ocurran pero sin entrar a profundizar porqué ocurren y que puedo hacer para cambiar. Tenemos que hacerlo juntos hombres y mujeres porque la igualdad nos beneficia a todas y todos.
Aquí, en dónde me encuentro, un lugar fronterizo entre culturas, un crisol de mares, veo mujeres que van a la playa completamente tapadas y escucho muchos comentarios de los occidentales que las ven. Pienso en cómo serán las cosas dentro de veinte años porque los cambios se producen en este siglo cuatro veces más rápido que en el siglo pasado. Y digo esto porque en nuestras playas se veían modelitos muy similares a finales del siglo XIX. No hace tanto fue piedra de escándalo el primer bikini y no digamos nada el topless, que llegó a prohibirse en algunas playas.
Una de las últimas actividades que desarrollé en el Parlamento antes de venir de vacaciones fue precisamente un seminario sobre el Burka. Me asustan las prohibiciones que van proliferando en Europa porque tengo la impresión que responden más a un gesto fácil para satisfacer los discursos políticamente correctos que a una reflexión profunda de que es lo mejor para las mujeres que están obligadas a llevar burka, que necesidades y tienen o como les puede dificultar la vida. Y ademas lo hacemos como si ya hubiéramos conseguido la verdadera igualdad entre hombres y mujeres en Europa o la verdadera integración de la comunidad musulmana. Tenemos mucho que hacer ante de tomar decisiones de propaganda si realmente nos importan las peronas, las mujeres de esas comunidades.
Por otra parte decir que hoy ninguna europea sentiría ahora la necesidad de colocarse aquellos viejos polisones de baño para reivindicar su pertenencia a un determinado colectivo ni porque pertenece a una determinada confesión religiosa. Nadie tuvo necesidad de prohibirlos. Desaparecieron de los guardarropas cuando la inmensa mayoría de la gente dejo de ver como algo normal este tipo de diferencias absurdas y degradantes para las mujeres. Cuando se dio cuenta gracias a la lucha de las propias mujeres que esa era una discriminación absurda.
Por eso, creo mucho más en las personas que en las prohibiciones que a veces consiguen el efecto contrario del que persiguen. Hoy, en Francia, tras la prohibición se venden más Burkas que ayer. Y la evolución verdadera empieza por un análisis sincero de los valores que predicamos con lo que decimos y hacemos.
Siguiendo con este repaso recuerdo la noticia de más impacto social, la aprobación de la reforma laboral, imprescindible para tratar de dar la vuelta a a las dramáticas estadísticas del paro. Detrás de las cifras que vemos crecer cada mes hay personas que sufren la peor de las ansiedades. Espero que las medidas adoptadas sirvan para algo y espero también que se profundice en otras, como las transferencias pendientes en materia de empleo y seguridad social que van a hacer más eficiente el sistema de protección social y más ágiles las medidas de fomento del empleo, porque ya está bien después de 30 años de incumplimientos.
Me he quedado bastante perpleja con el revuelo que se ha montado por la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, que no es sino la expresión de una facultad de autogobierno que tiene atribuida aquella comunidad. El debate sobre lo que es y significa este espectáculo está abierto hace muchos años y nadie debería sorprenderse que en algunos lugares consideren que es los suficientemente cruento como para que no vuelva a celebrarse, del mismo modo que en otros lugares se siente y percibe de manera completamente opuesta. La grandeza dela libertad está en que sea posible pensar lo uno y lo otro y obrar en consecuencia. Pero mezclar este debate con cuestiones identitarias no viene al caso, creo que una vez mas se trata de politizar una cuestión que par mí nada tiene que ver.
Pero toros aparte, lo que a mí si me gustaría es ver que se abre un debate y un movimiento en contra del boxeo, porque nunca he entendido que se califique como deporte algo en lo que lo más premiado es noquear al contrario, a la persona, dejarlo en el ring como si de un trapo se tratara mientras el bullicio de la sala grita “ dale, dale …” , sin importarle que le parta la cara, la ceja, la nariz o que le queden lesiones cerebrales. Es el boxeo reflejo de una sociedad que defiende valores humanos? ¿ Porque prima el debate sobre prohibición de toros y no de maltratar a personas calificándolo de deporte? Lo dejo para la reflexión …..
Bueno gracias a todas y todos los que habéis leído este blog durante este tiempo y por haberme acompañado con vuestros mensajes y comentarios de ánimo, especialmente me vais a perdonar, a Txola, Manuel, Bittor, Noelia y Unaitxu, Juanan, Cesar ……. ……
Ahora si voy a tomarme unos días de verdaderas vacaciones y me ausentaré algunos días del blog, hay que recuperar fuerzas para el otoño que se presenta caliente !!!!!!!!!!!!
Un fuerte abrazo !!!!!!!!!!!!



