El Parlamento Europeo se ha ocupado hoy de la operación del ejercito judío que concluyó con el asesinato de nueve activistas turcos en el asalto de la llamada Flotilla de la libertad. Como se recordará este convoy naval transportaba ayuda humanitaria hacia la franja de Gaza, un fragmento de Palestina sometido desde 2006 a un bloqueo inhumano. No me he quedado del todo satisfecha del tono de la resolución. Yo hubiese ido mucho más lejos. Veremos mañana en las votaciones lo que ocurre. Porque creo que a estas alturas está más que claro que aquel asalto es injustificable y desproporcionado. Por eso he querido dejar claro que hay que abandonar los eufemismos. Estamos ante nueve crímenes, que deben tener su castigo. Si las instituciones europeas quieren merecer algún crédito ante su ciudadanía, incluso ante quienes simpatizan con el sionismo, mejor que empiecen llamando a las cosas por su nombre. Hoy varios diputados que se declaraban abiertamente projudíos han criticado muy duramente este asalto.
Las “versiones oficiales” emanadas de las autoridades de Israel me recuerdan las inefables notas de los gobiernos civiles de Franco. Ya recordaréis que entonces se decía que los manifestantes volaban, porque siempre que la policía disparaba al aire mataban a alguien. En este caso los disparos de una tropa armada a la última, apoyada por helicópteros y con un despliegue excepcional se justificaron porque los tripulantes de los navíos esperaban el asalto, al parecer, armados con palos y cuchillos. Yo me quedo on unas declaraciones del escritor sueco Hening Mankel, autor de la célebre serie del detective Kurt Walander. “El arma más peligrosa que viajaba en aquel convoy, dijo, era mi maquinilla de afeitar”. Por eso creo que estamos ante nueve asesinatos y una utilización ilegal de la fuerza que vulnera toda la legislación internacional.
Creo que Israel lleva décadas vulnerando los derechos humanos de los palestinos. No hablo de oídas. Tuve la suerte de comprobar sobre el terreno que aquello es ni más ni menos que una cárcel al aire libre, llena de personas desesperadas con muy poco o nada que perder. Hoy casi cuatro años después de aquella visita la situación a ido a peor en un lugar en el que la fuerza y el abuso de poder han desterrado el humanismo. Allí comprobé, de primera mano, como los que pomposamente se autocalifican como “demócratas”, no aceptaron que Hamas ganase limpiamente las elecciones en Palestina pese a la reforma electoral que auspiciaron al alimón para evitarla Israel, las grandes potencias y hasta la autoridad nacional. Toda una lección de “principios” que acabó con la inclusión de Hamas en la lista de organizaciones terroristas internacionales e inició la lógica de la “guerra preventiva” y de las imputaciones genéricas. Desde luego así no se siembra paz ni se trabaja la reconciliación. Bien al contrario crece el odio y el número de personas que nada tienen que perder. Una verdadera cantera para el terrorismo suicida. No basta con reconstruir edificios y poner dinero. Hay que acabar con la impunidad de Israel. Y eso requiere un poco más de coraje que el que hoy se aplica a este problema.
Más positivo es el trabajo que realizó Europa en el caso del proceso de paz de Irlanda. Allí tras los acuerdos de Viernes Santo la Comisión, el Consejo y el Parlamento, al unísono, pusieron en marcha el programa Peace. A través de sus fondos se han apoyado todo tipo de medidas para consolidar el proceso de paz. La misma actitud pedí ayer en el pleno para Euskadi si algún día tenenos la suerte de que ETA escuche a la ciudadanía vasca y abandone las armas. En esas condiciones espero también un programa Peace para Euskadi y el mismo nivel de apoyo político internacional para un camino, el de nustra paz y reconciliación, que creo que todos anhelamos. En definitiva: si a los derechos humanos y no a la violencia. No mejora ningún conflicto.


